
Parte I
Escrito a sueldo
Contigo no había riesgos, nada que perder, nada a que exponerse, todo tranqui…al menos eso creía. Haz de saber que mi tipo no eras, ex amantes no éramos, menos aun conocías mis defectos; eras el candidato ideal para una salida de fuga…de ti no creí enamorarme semanas después. Era una cita casual, que se proyectaba sexual- yo y mi podrida mente “veinticincoañera”, húmeda y calentona - o, en otro caso, una cita de Candy y Anthony, de miradas bobas y altamente estupidas. Desarropada, casi sexi, con el escote desbordante y el interior de encaje, traslucido, la chaqueta sibylla, verde coral, mi perfume “Amor Amor” de Cacharel, (obsequio de la argentinísima Mari) llegué a aquel huachafo y estridente lugar, centro cosmopolita, denominado Jockey Plaza - ¿Por qué le pondrían este nombre tan alienado, ¡Qué cuernos que el hipódromo esté al costado!-
ito punto de mi pezón, traspasando imaginariamente el vestido marrón casual, Dolce Gabanna, que tenía placidamente puesto, (oferta cordobesa $75 pesos, aclarando para que no piensen que expectoro riqueza y termine pagando la cuenta de mis próximas “víctimas”) procediste a hacer exactamente lo contrario, primero (y no primeramente) te enchufaste en la línea divisoria de mis 36B, cubiertos con la última colección Victoria Secret otoño invierno -cabròn- y procediste, por 6 segundos irresolutos, a mirar descaradamente para luego decir: ¡Ah! Hola, que tal; acto seguido, pusiste la mano en la billetera, (sin dejar de mirar) sacaste tu tarjetita de presentación, sí, esa la de tu diario republiquete - el que se fundara en 1825 por el libertador coludido - y, procediste a: “regalarte”, “ponerte en bandeja”, “estar comible” “ser usable”... cual condón regalado en la Copa América. De pronto, te percataste que mi persona abarcaba algo más que aquellos monumentos artísticos, los que el creador los fabricara en su momento de debilidad, nadie es tan perfecto. No estaban solas mis tetis, mis senos, mis armas, mis montañas de Venus; también estaba yo y mis 8 kilos de más, mis veinte un mil neuronas y mis ojos marrones, mi lipstick ultra vida pasada de bataclana, todo eso y más…¡¡¡y qué!!! Esa soy yo, y a ti te encanta, pero cogete la baba, la de arriba y la del medio -orgullo gay -Participé de aquella primera cita a la que, dicho sea de paso, le habías dado tal protocolo de citas colegiales, de esas en las que sólo falta planear el sabor del helado que se consumiría, o la peliculita rosa que se vería, o los intercambios de recuerditos cagones que se harían…clásica cita y, no lo niego, me encantó el preámbulo que le dieras…maricòn; al menos me hiciste sentir menor, o recordar tiempos colegiales, con esos 8 kilos menos, y menos aún, cuando era la reina, la princesita asediada. La verdad, y para que no parezca que extraño mi 0 grasa, me siento placidamente mondonguda, sensual aún (soy una desubicada ¿y qué?...)
Lo que sigue, es historia clásica: invitaciones al cine, al teatro, a cuanto espectáculo de m
edia luz existiese, total… es lo que mejor sabes hacer, pintar sonrisas para, luego, en una súbita abstracción de rayuela, descuartizar cualquier pedazo de ignominia que te provoque placer, deleite, excitación o, te diera una dosis de machito, y así se te olvide que, alguna vez, llamabas a tu madre cual mamón de colegito pituco, a la 1am mientras discutías conmigo y me dijeras: esa mujer me necesita más que tú, (ignorante comparación) porque ésta mujer, la que he aquí, aquí he, nunca tuvo que dar de lactar, aún: ni a hijos propios ni a mamones adoptados.La historia continuará…
Es deber del escritor ser pobre, llorar ríos de lagrimas pero, sobre todo, es deber del escritor, escribir lo que siente…
Fecha real de publicación: 21/07/07, 10:07 p.m.






